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El desayuno ilustrado: ceros y adivinanzas

El encuentro que reúne a figuras que agitan la ciudad desde sus diferentes profesiones

–¿Pero cuál es la diferencia entre un encargo que llega desde España y otro desde el extranjero? –preguntan.

–Um… El número de ceros en el presupuesto, por ejemplo –responde la ilustradora.

Els Matins de Rambleta sirve, entre otras cosas, para establecer todas las coordenadas de las disciplinas que se tratan. Pongamos por ejemplo que las protagonistas son ilustradoras; una de ellas cuenta con una trayectoria de más de una década y su compañera emergió en el oficio hace un lustro. Las dos trabajan desde València y el trabajo de las dos ha sido reconocido no solo por las empresas que reclaman sus trabajos sino por diferentes premios. Hablamos, por tanto, de dos talentos que habitan en la ciudad. Pero el talento es una coordenada un poco difusa. En cambio, lo que ellas cuentan, sí son parámetros exactos:

–Cuando tratas con alguien que te quiere contratar aquí juegas a las adivinanzas respecto a lo que te van a pagar –comenta la ilustradora veterana.

No es una afirmación hipotética, sino parte del relato que tejieron Laura Pérez y Núria Tamarit en la última edición de 2018 de Els matins de Rambleta, el encuentro que, junto a Caixa Popular, reúne a figuras que agitan la ciudad desde sus diferentes profesiones. No tratan de ser estos desayunos una entrevista en la que únicamente se desmenuza la trayectoria de las invitadas, sino un diálogo abierto sobre cualquier aspecto de su trabajo.

Y es ahí donde se alumbran todos los rincones. Pérez cuenta que ha dejado la agencia con la que ha trabajado durante años para centrarse en su última obra, una novela gráfica –la segunda de su trayectoria tras Náufragos, premio Salamandra Graphic en 2016– de historias cortas que será publicada por Astiberri. Tamarit, mientras tanto, ultima su ópera prima, Dos monedas, con la que ganó el premio Ciutat de València.

El público pregunta y las protagonistas se extienden, por ejemplo compleja relación con los editores, entre quienes las autoras encuentran los dos extremos: cómplices que potencias su trabajo y contables que solo tienen réditos en la cabeza. O la necesidad de la autoedición para liberar la propia creatividad. O cómo es el proceso que culmina en una obra propia. La imagen queda completa en el último desayuno del año en Rambleta.