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El Otoño (en Valencia) es una segunda Primavera

Tan melancólico como un poeta que camina taciturno empujando las hojas secas de los  árboles. Tan nostálgico como una mirada perdida recordando la playa y un amor de verano. Si nos ponemos melodramáticos, así es el Otoño para muchos que sufren eso que llaman "depresión estacional" o "astenia otoñal". Una alteración del ánimo provocada por la disminución de luz solar con el correspondiente aumento de melatonina en decremento de la serotonina. Algo así. Resumiendo, culpa de las hormonas, para variar.

Explicaciones científicas aparte, siempre se ha dicho que Otoño es una estación triste. Otoño es una estación triste en cualquier lugar, menos en Valencia. Sencillamente porque en Valencia, por mucho que se empeñe el calendario y Twitter, el Otoño no existe. El clima de estos días nos avala.

Aquí, el Otoño está más cerca de ser, como escribía Albert Camus "una segunda Primavera" que un poeta con la chaqueta raída en una tarde lluviosa. Una segunda Primavera o, ya puestos, un segundo Verano con los termómetros marcando 30 ºC.

Segundas partes nunca fueron buenas. Por eso no me apetece jugármela con la Primavera y, ni mucho menos, con mi querido Verano. Tengo (¿tenemos?) ganas de Otoño. Del de verdad. De ese de chaparrón, café caliente y suéter nuevo. Desafiemos a la bioquímica, el Otoño apetece y estas son mis razones:

1. La luz en los días de Otoño es muy especial. Ya no es ese sol cegador del verano que ilumina potente y sin medida. Es un sol suave, de luz sutil que juega con las nubes y a veces pinta en el cielo un degradado de rojos y naranjas capaz de hacernos parar un instante y dedicarle una foto en Instagram. Valencia en Otoño está hecha de ámbar.

2. El año empieza en Septiembre y las promesas y los nuevos proyectos comienzan en Otoño. Los amores de verano se guardan con los pantalones cortos y muchos salen a las calles en busca de un café caliente y alguien con quien compartir los días de lluvia. Las hojas caen y nosotros comenzamos a escribir una nueva. Así, ¿cómo no va a apetecernos que llegue el Otoño?

zapatillas

3. Dejar de ver pies desnudos de forma involuntaria es un alivio. Llevamos ya demasiado tiempo tropezándonos con la visión de pies feos, mal cuidados y pedicuras que preferimos olvidar. Aunque siempre hay excepciones, claro. Pero lo que abundan son las sorpresas desagradables. Adiós a las sandalias. El frío hará que solamente veamos los pies que nos interesan. En la intimidad. Con premeditación y alevosía.

4. La nueva temporada nos mira triste desde los escaparates, desde la Vogue y, lo que es peor, desde nuestro propio armario cada vez que lo abrimos. Los abrigos, cárdigans y jerséis nos observan preocupados mientras nosotros cogemos una camiseta de manga corta o un vestidito liviano.

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5. Decir ese socorrido, "hoy toca sofá y mantita". Pocas cosas nos hacen tan felices en una tarde de lluvia. Quedarse en casa, sofá, mantita y una película o un buen libro. Pero no nos pasemos de caseros que hay mucho que ver más allá de nuestro salón. Por ejemplo: la expo de retratos de Javier Aramburu que se inaugura este Noviembre en La Rambleta.

6. Volver a Madrid sin miedo a morir de un golpe de calor. Allí ya es Otoño, Otoño de verdad. Dos propuestas: visitar la exposición "El Surrealismo y el Sueño" en el Museo Thyssen y, para los amantes del cine, "George Méliès. La magia del cine" en Caixa Forum.

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7. Refugiarse de la lluvia y el viento en la oscuridad de una sala de cine. Y quien dice cine, dice teatro.

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8. Seguir disfrutando de las terrazas porque al Otoño le gusta sorprender. Con un chaparrón o un sol radiante. Cuando ocurre lo segundo, una buena opción es la Terraza Pop de la Rambleta, que les voy a contar.

9. Después del verano, vuelven los eventos, las inauguraciones y las fiestas. Y eso nos gusta. Porque además del canapeo y socializar (que nos va mucho) significa que, contra todo pronóstico, Valencia está viva.

10. Me gusta el Otoño porque significa que vuelvo a escribir en este blog y lo seguiré haciendo durante las próximas estaciones. Avisados quedan.

¿Quién se atreve ahora a decir que el Otoño es triste?

 

Por Lady Grett.