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Rambleta contra la velocidad

Referentes del movimiento slow en València protagonizan la edición más concienzudamente calmada de Els Matins

Para, respira, sonríe y toma conciencia. Es la máxima contra el “arranca, frena y claxon”, eslogan de la modernidad, contra el que un día ya se rebeló Homer Simpson. Patricia Restrepo, fundadora del Instituto Macrobiótico de España y del restaurante Kimpira, inició su intervención en Els Matins de Rambleta haciendo que el público cerrara sus ojos y respirara hasta sentir el oxígeno circular por sus venas. Un minuto de pura calma, puro slow.
 
Así comenzó la mañana más lenta de Els Matins. Un momento, “el movimiento slow no es ir lento, es ir con calma”, incidía el odontólogo Primitivo Roig, director de la clínica que lleva su nombre en València, pionera en adaptar esta filosfía a su disciplina. Metido desde pequeño en una clínica dental (la de su padre), salió de la facultad con una pregunta que uno de sus profesores supo contestarle: cuándo iban a aprender a gestionar a su equipo y las relaciones humanas con sus pacientes. De ahí a la rebelión de las sonrisas –“es más difícil disparar a alguien que sonríe”, bromeaba– hay todo un proceso de aprendizaje y perfeccionamiento de un método en el que prima “estar mucho tiempo con pocos pacientes en lugar de poco tiempo con muchos”.
 
La conciencia también despertó de repente en Àngels Biosca, cantante en el Palau de les Arts hasta que un día empezó a interesarse por todo el proceso de una prenda de vestir hasta que llegaba a su armario. Desde el material que lo compone hasta las manos que lo trabajan y el transporte que lo mueve por todo el mundo. La contaminación y la explotación presentes en ese procedimiento convirtieron ese interés en vocación, que culminó con la creación de The Slowear Project, una plataforma de educación y divulgación de la moda sostenible. "Es difícil, pero cada vez hay más marcas que están tomando conciencia”, aseguraba la divulgadora. Su último reto: una guía en la que figuran esas marcas, “pequeñas, artesanales, a menudo formadas por dos personas”, que apuestan por el respeto al planeta en sus métodos de producción y por el salario digno a todos sus trabajadores.
 
“Llevar una vida slow no es caro, depende de a qué des prioridad”, apuntaba Roig. Esas fueron algunas de las cuestiones que abordaron los protagonistas ante un público curioso e incisivo, que planteó un debate sobre la viabilidad de la filosofía en un mundo que gira a un ritmo abrumador. Todo se desenvolvió sin prisas, máxima de obligado cumplimiento en una mañana lenta, o mejor, calmada.